
El laberinto de los microcréditos: cómo la urgencia puede convertirse en usura
Los microcréditos se han popularizado en los últimos años como una solución rápida para afrontar imprevistos económicos. Se anuncian como préstamos fáciles, sin apenas requisitos y con dinero inmediato. Sin embargo, detrás de esta aparente facilidad, muchas entidades esconden condiciones que pueden convertir una ayuda puntual en una auténtica trampa financiera.
La urgencia económica, unida a la falta de información clara, hace que muchos consumidores acepten contratos con intereses y comisiones desproporcionadas sin ser plenamente conscientes de sus consecuencias.
Microcréditos: pequeños importes, grandes costes
A diferencia de los préstamos tradicionales, los microcréditos suelen concederse por importes reducidos y a muy corto plazo. El problema no está en la cantidad prestada, sino en el coste real del dinero.
En muchos casos, estos productos aplican:
Tipos de interés (TAE) extremadamente elevados, incluso superiores al 1.000%.
Comisiones de apertura, gestión o renovación que encarecen notablemente el préstamo.
Penalizaciones por retraso que multiplican la deuda inicial.
El resultado es que, aunque el importe solicitado sea bajo, el consumidor acaba devolviendo una cantidad muy superior a la recibida.
Renovaciones y prórrogas: la espiral de la deuda
Uno de los mecanismos más problemáticos de los microcréditos es la posibilidad —o incluso la inducción— a renovar el préstamo. Cuando el cliente no puede devolver el importe en el plazo previsto, se le ofrece una prórroga que añade nuevos intereses y comisiones.
Estas renovaciones sucesivas provocan que la deuda apenas disminuya, a pesar de que el consumidor haya realizado varios pagos. En la práctica, el microcrédito se convierte en una bola de nieve difícil de frenar.
¿Cuándo un microcrédito puede considerarse usurario?
La legislación española y la jurisprudencia consideran que un préstamo puede ser usurario cuando el interés aplicado es notablemente superior al normal del dinero y desproporcionado en relación con las circunstancias del caso.
En estos supuestos, el contrato puede declararse nulo. Esto implica que el consumidor solo estaría obligado a devolver el capital realmente recibido y, si ha pagado de más, tendría derecho a recuperar el exceso abonado.
¿Qué puede hacer el consumidor?
Si tienes o has tenido un microcrédito, es fundamental revisar las condiciones del contrato. Muchos consumidores desconocen que pueden reclamar incluso aunque el préstamo ya esté pagado.
En estos casos, es recomendable:
Analizar el tipo de interés aplicado.
Revisar las comisiones y penalizaciones.
Valorar si el coste total del préstamo es desproporcionado.
En Reclama y Cobra estudiamos tu caso y te indicamos si el microcrédito es reclamable. Si has pagado intereses abusivos, no lo normalices, rellena nuestro formulario y te ayudaremos a recuperar tu dinero.
